“La gente que nos conoce se extrañaba que no investigáramos en tumores.

Con toda la cautela que hablar de cáncer exige, y por el cariño que tenemos a nuestros pacientes, les decimos: ya estamos en ello.

oHo nos sigue dando sorpresas, porque en Bioaveda las buscamos.

Si quieres innovar, no hagas siempre lo mismo;

pero vísteme despacio, que llevo prisa”.

Vicente G. Villarrubia
Director General y de I+D+i



Salón del aceite de oliva, Mora (Toledo), 22 de abril 2010.

Salón del aceite de oliva, Mora (Toledo), 22 de abril 2010.

[En donde se relata que el autor de este escrito andaba por los Cerros de Úbeda]

Tras recibir el Premio Milenio Jiennenses del Año 2009 a la Iniciativa, fuimos invitados a participar como ponentes en el Salón del Aceite de Oliva e Industria Oleícola, celebrado en mi pueblo (Mora, Toledo).

Este Salón Científico, que precede a nuestra afamada Fiesta del Olivo, constituyó un fuerte impacto para mi: se trataba de romper la maldita tradición Española de que nadie es profeta en su tierra. Pero había algo más en el trasfondo de mi cerebro, que en este caso se me había convertido todo en corazón: era la ocasión de rendir homenaje a mis familias y a los amigos que me acompañaron, y que tanto me enseñaron durante mi infancia y juventud temprana.

A mi amigo Bonifa, quién un día se me murió por culpa de una maldita leucemia. Le recuerdo siempre con su único tirante cruzado para sujetar sus pantalones cortos a un botón negruzco, que no le servían para impedir que siempre estuviera acatarrado y con sus dos velas colgándole de la nariz. Yo entonces no sabía por qué: teníamos unos 10 años. Su familia vendía castañas asadas en invierno y helados en verano: eran emprendedores sin sillón de cuero y sin coche de lujo; emprendedores de los que ahora ya no se llevan. Nos recordamos, tirándonos en una especie de trineo de madera con tres ruedas, por una colina del Arrabal de Mora, que se nos hacía casi una montaña gigante. Siempre llevábamos magulladuras en rodillas, codos y alguna que otra en la cara; pero yo curaba siempre antes y no sabía por qué: teníamos 10 años y yo no sabía nada de Inmunología.

Se me murió y me quedé solo con mi tirachinas. Me sentaba debajo de los árboles de la glorieta y del parque, pero se me habían quitado las ganas de matar pájaros y tirar moras. Me ponía a recordar la cantidad de albercas en las que nos habíamos bañado durante los quemantes veranos de Mora. Saltábamos como sapos de una a otra.

Su tío es hoy un famoso torero, un torero de los grandes, Eugenio de Mora, al que su sencillez y humildad le han impedido tener el éxito mediático de algunos toreros más mediocres pero más faranduleros.

Luego vinieron Antonio, Agripino, Dioni, Angelito, Pepe, y Salvi; y la vida volvió a ser hermosa. Jugábamos a películas del Oeste, y como a mi padre le gustaba Richard Widmark, yo siempre elegía el papel de malo, motivo por el que, antes de irnos a cenar, siempre terminaba muriendo por un tiro del revólver de Antonio. El jardín del tío Luciano era nuestro O.K Corral particular. De todos, solamente Antonio Martín ha seguido la tradición Olivarera. No estuvo en mi conferencia: estaría arando; es un hombre sabio y trabajador.

Como la vida nos separa por aficiones, incluso en el más pequeño de los pueblos, me acerqué a otra pandilla que compartían conmigo su afición al tenis: Pepe Candelas y Luís Soler. Nos construimos una pista de tierra, nos hicimos una palas de madera (que más tarde fueron raquetas) y llegamos a ser, en nuestros sueños, campeones de Wimbledon y de Roland Garros. Pienso ahora que de verdad lo fuimos, pues despertamos la afición de Mora por el tenis. Luego nos íbamos a bañar a la piscina de Alfonso Rodríguez, con quién compartía el amor por Mari Carmen. Muchos años más tarde, la Mari Carmen se casó con otro; como debe de ser.

El primer día más feliz de mi vida fue cuando mi padre compró la televisión. Estábamos de aceituna (recogida de la cosecha) y se celebraba en Australia la final de la Copa Davis (27 de diciembre de 1965). Nos levantamos a las 4 de la mañana, y Santana perdió frente a Stolle. Fue tal el cabreo que, cuando llegué al olivar, me lié a palos con las pobres olivas. Ahora lo recuerdo con dolor. (En mi pueblo y en Jaén llamamos olivas a los olivos; el fruto son aceitunas o acitunas).

El segundo día más hermoso de mi temprana edad fue cuando cayeron en mis manos El Lazarillo de Tormes, El Quijote y la Ilíada. Nunca olvidaré a la Señorita Loren (Doña Lorenza) por el favor que me hizo al prestármelos. No me leí los libros: me los comí.

Jamás olvidaré a Don Francisco Mayol, que trajo a Mora a todo un cortejo de Maestros Intelectuales (Progresistas de Verdad): Don Fulgencio (Matemáticas); Don Domiciano (Ciencias Naturales); Don Jesús (Latín), y otros. Cuando Don Domiciano, a escondidas del cura Pacheco, comenzó a hablar de un tal Darwin se me cayeron los palos del sombrajo y la lana de la dehesa. Yo había visto a este hombre dibujado en una botella de anís, con la que, ayudado de una cuchara, mi abuelo Aniceto musicaba los villancicos y los cantes aflamencaos de Mora. Y resulta que el tío del anís había descubierto una de las cosas más maravillosas de la vida.

Esto marcó toda mi existencia posterior: intenté ser ateo, y no pude. Probé con la fe, y tampoco. Me he quedado en un simple agnóstico, que espera a que la Ciencia nos diga quién fue primero; quién estaba antes. Y en esa ilusión vivo para acercarme a mi investigación y a mis pacientes. Pero me da la vida, mirando al cielo, poder dar las gracias a alguien, y así no guardármelas para mi solo. Soy, y lo digo en mi tarjeta personal, agnóstico y ecologista a tiempo parcial. Nunca me ha dolido amar.

La época de los cubatas y el fútbol nos llegó con la mocedad. Ya estaba estudiando Medicina en Madrid cuando formamos un equipo de fútbol con todos los temporalmente exilados en la Capital ¡Qué equipazo! El Santiago Rodríguez García-Brioles y el Antonio Maestro, entre otros. Mi Santiago, como buen hijo de buenos Católicos, se hizo Comunista y del Atlético de Bilbao. Antonio, cual hijo de falangistas, se hizo Trostkista y del Real Madrid. Al primero lo tengo vivo en mi corazón (otra vez el cáncer); con el segundo hablo de vez en cuando, y aprovechamos para disfrutar del leguaje que utilizábamos en la época. Eso sí, a mi Atlético de Madrid, que no me lo toque.

Y en todo este devenir: la Fiesta del Olivo. Mi Fiesta del Olivo, en la que mi padre ganó un par de premios al carro mejor engalanado (consultar www.mora.es; www.fiestadelolivo.es y ver las fotos). En uno de ellos, mi padre me subió en una alfombra mágica, al lado de un letrero que decía algo así: “Nehrú está en el Oriente, y a Mora viene a por aceite” (Nehrú era el Presidente Hindú de la época).

El himno de mi pueblo dice, entre otras estrofas, “…Andalucía Manchega, con sus hermosos olivos….”. Por tanto, mi destino estaba sellado. No tenía más narices que terminar mi azarosa vida mujeriega (al modo de Lope de Vega) con una Andaluza de Jaén. Y aquí estamos; con nuestra humilde y sencilla empresa, Bioaveda; intentando solucionar problemas de colesterol, dermatitis atópica, psoriasis y envejecimiento cutáneo; qué, por cierto, fue de lo que trató mi conferencia en el Salón del Aceite de Oliva de Mora de Toledo 2010.

Iba a hablar de Ciencia del Aceite de Oliva, pero otra vez se me ha ido el Santo al Cielo; como a mis queridos Místicos San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Federico García Lorca, pero me he vuelto a perder por los Cerros de Úbeda, buscando la Sinagoga de las Aguas.

Cuando tengan unos días libres: visiten Toledo (qué les voy a decir, que ustedes no sepan de la Gloria); bajen hasta Mora y vean nuestro Ayuntamiento, nuestro Castillo y nuestro Museo del Aceite de Oliva; luego desciendan hasta Jaén y visiten la Catedral, los Baños Árabes y la iglesia de la Magdalena; continúen posteriormente hasta Baeza, y a continuación piérdanse por los Cerros de Úbeda hasta encontrar la Sinagoga de las Aguas en la ciudad. Sentirán ustedes el arrebato de la Ruta Mística.


Ver parte de lo que se habló, expuesto en Diario Jaén del 20/05/10  [clic]

 
 
 
BIOAVEDA, S.L, 2009