“La gente que nos conoce se extrañaba que no investigáramos en tumores.

Con toda la cautela que hablar de cáncer exige, y por el cariño que tenemos a nuestros pacientes, les decimos: ya estamos en ello.

oHo nos sigue dando sorpresas, porque en Bioaveda las buscamos.

Si quieres innovar, no hagas siempre lo mismo;

pero vísteme despacio, que llevo prisa”.

Vicente G. Villarrubia
Director General y de I+D+i



Bioaveda: Premio Milenio Jiennenses del año a la iniciativa

BIOAVEDA: PREMIO MILENIO JIENNENSES DEL AÑO A LA INICIATIVA

El día 17 de enero de 2010, el jurado de los Jiennenses del Año proclamó a Bioaveda ganadora del Jaén Nuevo Milenio, Premio Caja Rural a la Iniciativa.

Que una empresa dedicada al aceite de oliva gane este premio en la provincia nº 1 mundial en producción de aceite, es un reconocimiento que no está al alcance de todos. Nos sentimos, por tanto, orgullosos de lo conseguido y agradecidos a un Jurado que ha creído en nuestra apuesta por un mundo más saludable, logrado a través de un Aceite de Oliva Funcional: nuestra Formulación “oHo”.

Este reconocimiento significa también un hermanamiento entre las dos regiones con más noble tradición olivarera: Mora de Toledo (mi pueblo) y Jaén (la tierra de mi mujer y Presidente de Bioaveda). Se amplia así el hermanamiento que mi pueblo ya tenía con Martos (Jaén), haciéndolo extensible a una de las provincias más bonitas de España: Jaén; y nos sentimos orgullosos de lo conseguido.

De todos los premios obtenidos a lo largo de mi carrera como médico/investigador, éste es sin duda el que más me enorgullece. En primer lugar, porque casi nazco al pie de un olivo, y en plena campaña de aceituna: a mi madre le dio por traerme un 9 de diciembre, cuando ya las aceitunas traspasaban la fase de envero (transición del verde/rojizo al negro) para inmolarse a los hombres en aras de la salud. En segundo, porque mis dos familias eran poseedoras de una tradición centenaria en aceite de oliva, por lo que este Premio es en gran parte suyo.

Cuando me fui a Madrid a estudiar Medicina, no podía imaginar que un día (ahora) volvería a acariciar los olivos que tan duros y odiosos me habían resultado durante mi infancia. Odiaba levantarme con el frío invernal, para subirme a un carro de varas tirado por dos mulas (la Parda y la Rubia: que nos salvaron la vida en una riada) y dirigirnos a olivares distantes más de 10 kms de mi casa. Aborrecía el vareo y el transporte de las aceitunas en los pesados mantos de lona que, empapados, se hacían pesados muertos de tela. Luego, la limpia de tallos y hojas en la zaranda; y a ensacar en recipientes de aspillera. Lo mejor era el almuerzo: huevos fritos con tomate, helados de frío. Lo sublime, la merienda ¿Qué hay hoy, madre? Ponte un cantero de aceite. Ayer merendé aceite. Sí, pero fue aceite con azúcar; hoy ponle pimentón. Y así pasábamos del aceite con sal al aceite con tomate; del aceite con azúcar al aceite con pimentón; del aceite con ajo al aceite solo. Yo nunca estuve gordo en mi juventud.

Cuando hicimos nuestro primer “oHo”, di a probar el aceite a mi madre. Ella dijo: vaya tontuna que has hecho; esto sabe igual que lo que hacía mi abuelo. En ese momento supe que habíamos ganado. Habíamos logrado combinar los aceites de tal manera que, además de sus aspectos saludables, conseguimos un sabor exquisito.

Miré a mi madre y le dije que lo que habíamos hecho era reproducir, en una botella, los mismos componentes grasos –y en las cantidades adecuadas- que tenía la Leche Materna. La teta de mi madre había sido mi Almazara Materna, y ese fue mi momento glorioso de darle las gracias. Habíamos conseguido reproducir parcialmente lo que la Naturaleza había tardado en hacer durante millones de años de Evolución de las Especies.

Ahora estoy mirando a mi padre. Yo no miro la foto; miro a mi padre: agricultor. Cada vez que descubrimos algo nuevo del aceite de oliva, nos miramos guiñándonos el ojo. Somos cómplices: nadie sabrá nunca que el que descubre las cosas del Aceite y la Medicina es mi padre, y que todas las mañanas me las chiva desde la foto que me mira sonriendo. Ahora se que mi padre ya es feliz: he vuelto a lo que él más amaba y acariciaba, los olivos; y él está conmigo. Ahora se que mi tía Juliana, que acaba de morir, se ha ido a contarle a su “hermanito”, que ella sí ha probado el aceite “oHo”. A los Sefarditas nos gusta el aceite de nuestra tierra y el de otras tierras. Por eso somos universales; por eso hemos combinado aceites de todo nuestro País.

Se nos van muriendo los que más amamos, pero los olivos siguen ahí. Principios inmutables de la existencia. Alimentos del alma de nuestras células: la vida.

Gracias por darnos el Premio Jiennenses. Gracias al Diario Jaén, al Jurado y a Caja Rural. Se lo he dicho a los Olivos y a las Almazaras Maternas, y han empezado a sonreír y a jugar con los copos de nieve. Son como niños jugando al escondite.


Vicente García Villarrubia

Director General e I+D+i, Bioaveda

P.S. Cuando a mi mujer (Mª Teresa) y a mi nos dio por jugar al amor, nos fuimos a pasar una noche al hotel Beatriz de Toledo (de mi amigo Justino, q.e.p.d). En el momento de la cena, el sumiller, al probar nuestro aceite, dijo: “Qué maravilla; uno de Mora con una de Jaén; la que van a liar”. Y en eso andamos.

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